IA & REAL Assets
Si tuvieras más tiempo y más recursos, ¿vivirías en los mismos espacios? ¿Dónde elegirías estar, de verdad?
La inteligencia artificial libera horas y multiplica opciones. Y cuando el tiempo se libera, crece la demanda por lo físico. El tiempo cambia los hábitos de consumo: buscamos mejores espacios, mejores ubicaciones, mejor vida. Ese giro impulsa la demanda de activos inmobiliarios de calidad. Para inversores, la lectura es simple: más uso, más estabilidad y mayor capacidad de preservar valor.
Por eso el real estate —la clase de activo más antigua de la historia— entra en una nueva etapa de fortaleza patrimonial.
Esta semana tuve una masterclass con Zack Kass (ex OpenAI) dentro de mi comunidad privada del AI Bootcamp de Tony Robbins y Dean Graziosi. Me encanta Kass por su visión humana y optimista sobre el futuro.
Kass resumió varios beneficios que llegarán con la inteligencia artifical:
Expansión del potencial humano. Herramientas que amplifican lo que ya sabemos hacer, y nos empujan a hacer más, mejor y en menos tiempo.
Comoditización de la inteligencia. Acceso masivo a modelos LLM y sus aplicaciones a un costo despreciable.
Avances científicos acelerados. Descubrimientos y iteraciones médicas a una velocidad espectacular y fiable.
Deflación. El coste de algunos bienes y servicios tenderá a caer.
Tiempo y energía liberados. Mi favorita: si tiempo y energía son nuestros activos más críticos, la IA puede devolvernos ambos para disfrutar lo que nos hace plenamente humanos: amor, familia, belleza, arte, naturaleza.
IA & REAL Estate
La tierra fue el primer gran activo de la historia porque resolvía lo esencial. Alimentaba, protegía, daba pertenencia. A partir de ahí nacieron el excedente, el intercambio y las primeras formas de riqueza.
Con el tiempo llegaron los sistemas: límites, parcelas, escrituras, catastros, herencias, hipotecas, ciudades. La historia es larga, y su conclusión es simple.
La tierra se convirtió en inmueble. El inmueble en hogar y renta. La renta en estrategia. La estrategia en patrimonio.
El Real estate sigue siendo la piedra angular de cualquier estrategia sofisticada de patrimonio: combina estabilidad, crecimiento a largo plazo, posibilidad de ingresos recurrentes y, cuando se ejecuta con criterio, retornos excepcionales. Para quien quiere construir riqueza y disfrutar de la vida, es una herramienta irremplazable.
A comienzos de 2025, el valor del real estate global se estimó en torno a 393,3 billones de dólares, por encima del valor combinado de acciones, deuda y oro (Savills).
Esa cifra es un recordatorio útil: la riqueza mundial sigue anclada en lo físico.
Ese número impresiona por su tamaño. A mí me interesa por lo que revela. La humanidad valora lo físico.
Valora el espacio.
Valora el lugar donde sucede su vida.
Ahora, en plena aceleración tecnológica, esa conexión no se diluye. Se refuerza.
Kass lo formuló con una idea que me parece muy sugerente: “We should reinvest in the physical world. Designing cities focusing on beauty and density.”
Su crítica es evidentemente a las ciudades de Estados Unidos, donde hay entornos en los que el coche es imprescindible incluso para ir a comprar croissants.
Madrid es otra historia.
Madrid ya es una ciudad caminable, intensa, viva. Y precisamente por eso, la idea importa aún más: cuando el trabajo se desmaterializa, la calidad del lugar donde vivimos se vuelve aún más relevante.
La IA, bien entendida, puede reforzar esto. Cuando delegamos tareas repetitivas a sistemas inteligentes, recuperamos horas. Y cuando recuperamos horas, somos más exigentes con dónde las invertimos.
Ahí aparece el punto clave.
Cuando el tiempo se libera, se invierte en presencia. Y la presencia sucede en lugares. Casas. Barrios. Museos. Parques. Restaurantes. Estudios. Bibliotecas. La vida compartida necesita un escenario.
Hazte esta pregunta con honestidad.
Si tuvieras más tiempo y más recursos disponibles, ¿pasarías tu vida en los mismos espacios? ¿Qué cambiarías? ¿Dónde te apetece estar?
Hoy escribo esto desde el Champagne Bar del Club Monteverdi en Madrid. Un salón de techos altos. Molduras clásicas con historia. Iluminación indirecta cálida. Una exquisita selección de piezas de arte. Música de fondo, con el volumen justo para sostener el ambiente sin invadir la conversación. Personas con las que apetece conversar.
Un lugar así no es un simple contenedor.
Es un lujo.
Invita a un tipo de conversación, a un tono, a un tempo. Cambian el estado del sistema nervioso. Ordenan el pensamiento. Hacen que el tiempo se sienta más amplio.
Y por eso —por pura lógica humana— este tipo de espacios gana relevancia cuando la vida se vuelve más eficiente y amplia de tiempo.
La rapidez del cambio
La IA acelera, abarata y optimiza. En paralelo, el ser humano se vuelve más sensible a lo que la IA no puede sustituir:
Presencia real. Estar con alguien, sin pantallas de por medio.
Belleza. Luz, arte, silencio.
Ritual. El café en el lugar correcto. La mesa bien puesta. La sobremesa sin prisa.
Pertenencia. Un barrio, un club, una plaza, un hogar.
Eso alimenta la demanda de uso. Y la demanda de uso alimenta el valor inmobiliario.
En otras palabras: cuanto más digital se vuelve el mundo, más relevante se vuelve la experiencia física.
Elegancia & Criterio
Cuando la inteligencia artificial expande nuestra capacidad productiva, la diferencia deja de estar en hacer más y pasa a estar en vivir mejor.
Esta nueva herramienta puede ser muy elegante si la aprendemos a usar para potenciar nuestra capacidad de elegir mejor.
“Elegancia” viene del latín elegantia, “buen gusto, propiedad, refinamiento”. Esa elegantia deriva de elegans (“selecto, de gusto fino”), vinculada al verbo latino eligĕre: “escoger, seleccionar con cuidado”.
Elegir con calma.
Elegir con gusto.
Elegir con intención.
La inteligencia artificial potencia la productividad.
El real estate potencia la experiencia.
Por eso creo que el asset class más antiguo de la historia entra en una etapa de revitalización. No por nostalgia, sino por una necesidad innata de lo real. De lo físico. De lo tangible.
Pontblanc = REAL assets
Construir Riqueza y Disfrutar de la Vida no son dos agendas distintas. Son dos lentes para elegir mejor:
Construir Riqueza: adquirir activos reales, humanos, bien ubicados, con potencial de apreciación y una lógica clara de preservación patrimonial.
Disfrutar de la Vida: habitar espacios que elevan bienestar, belleza y vitalidad; lugares donde la familia realmente quiera estar.
El futuro viene con muchos cambios y a toda velocidad.
Precisamente por eso, va a premiar con más claridad lo que sigue siendo irreemplazable: un buen lugar, una buena ciudad, una hermosa propiedad.
Un hogar que se sienta como una extensión de tus valores.
Una ciudad que invite a caminar seguro.
Una arquitectura que inunde de belleza tus días.
La inteligencia artificial nos dará herramientas para analizar más datos que nunca.
La vida seguirá pidiéndonos criterio para elegir mejor.
Y ese criterio empieza por una pregunta simple:
¿Qué tipo de lugar merece tus mejores años?