Belleza en casa
Este puente de diciembre estuve unos días en Roma. Pocas ciudades tienen la belleza tan latente, tan presente, en cada detalle. Esos atardeceres profundos; esa luz cálida, llena de historia, que baña las fachadas de piedra de tantas iglesias y edificios bellísimos, me recordaron la importancia de vivir rodeado de belleza.
Como decía Frank Lloyd Wright: «Quitadme todas las necesidades básicas de la vida y dejadme solo los lujos». A mí me bastaría desayunar cada mañana, en una mesa para dos bajo el óculo del Panteón: un caffè y un cornetto semplice de Sant’Eustachio. La cafetería queda a pocos metros; seguro que Luigi nos lo serviría encantado.
La belleza en casa tiene una función muy concreta: elevar cada momento de la vida familiar. Y esto es algo grandísimo, porque una vida feliz es una sucesión de momentos felices, aunque a veces se nos escapen mientras perseguimos la idea de una vida feliz.
La belleza es un ingrediente imprescindible para la felicidad. Los que no lo entienden es porque aún no han cultivado su gusto (o no han visitado Roma).
Cuando una vivienda es bella, tu sistema nervioso y tus emociones lo entienden antes que tu mente y sus pensamientos. La respiración se suaviza. El cuerpo baja una marcha. La casa empieza a cuidarte, y regresamos a nosotros mismos.
En el Modelo de Alto Bienestar de Pontblanc, la belleza ocupa un lugar central. Porque completa todo lo demás. Luz, aire, temperatura, silencio. Todo eso suma. La belleza lo convierte en una experiencia elevada. Queremos satisfacer nuestras necesidades y, además, extasiar nuestros deseos.
Piensa en una obra de arte elegida con cariño. No “decora”. Ordena tu mundo interior. Te recuerda quién eres. Qué valoras. Y qué estado de ánimo quieres sostener en familia.
Piensa en cómo entra la luz en el jardín. La mañana sobre la textura de la piedra. La sombra de un árbol moviéndose despacio. Un reflejo del sol en el agua de la piscina. Detalles pequeños, con efectos profundos en nuestro ánimo.
La belleza también es ritmo. Proporciones que serenan. Materiales que envejecen con dignidad. Un pasillo que acompaña. Un salón que invita a quedarse, a bajar la voz, a sostener largas conversaciones. Vuelvo a Roma, al dolce far niente de los italianos. Nuestra casa puede ser el mejor maestro para tomarnos la mañana del sábado con calma, sin culpa: detener el tiempo y disfrutar.
Está también el silencio. Ese silencio acogedor que aparece cuando el espacio funciona. Cuando cada cosa está en su sitio. Cuando tu casa te sostiene, sin pedir atención. Ahí es donde una familia se siente realmente acogida. Fare con calma.
Por eso creamos las Pontblanc High Wellbeing Residences: hogares con una ambición clara. Elevar tu día a día a través de decisiones precisas de diseño. En la distribución. En la luz. En los materiales. En el arte. En la atmósfera.
La pregunta queda contigo: cuando te detienes un instante en tu hogar, ¿estás rodeado de belleza? ¿hay algo que te devuelve la calma?